9 de octubre de 2026 — Misterios dolorosos

«Mostró su fuerza a su pueblo» (Sal 110 [111], 6) acompaña la agonía de Jesús. En Getsemaní, el poder divino no se manifiesta mediante una liberación inmediata. Sostiene una fidelidad que atraviesa el miedo. Jesús no busca el sufrimiento: permanece vuelto hacia el Padre en medio de la prueba. El primer misterio abre así una pregunta que recorre toda la Pasión: ¿cómo reconocer la fuerza de Dios cuando su enviado parece indefenso?

«Para ponerlo a prueba, buscaban obtener de él un signo» (Lc 11, 16) ilumina la flagelación. El verbo πειράζω, peirázō, significa poner a prueba o tentar. En el Evangelio, acaba de producirse una liberación, pero algunos siguen exigiendo una prueba. Esta actitud se prolonga en la Pasión: el cuerpo de Jesús se convierte en el lugar donde los hombres ejercen su poder sobre aquel a quien se niegan a escuchar. La fe comienza cuando dejamos de someter a Dios a las condiciones que imponemos para reconocerlo.

«Es que el reino de Dios ha llegado hasta vosotros» (Lc 11, 20) acompaña la coronación de espinas. Βασιλεία, basileía, designa aquí el reinado, la soberanía de Dios en acción. La corona de burla revela el conflicto entre dos maneras de reinar: dominar mediante el miedo o liberar de lo que esclaviza. Aquel cuya realeza es ridiculizada es precisamente quien libera. Las espinas no prueban la ausencia del Reino; muestran hasta dónde llega la negativa humana a acogerlo.

«Cristo nos rescató de esa maldición, convirtiéndose, por nosotros, en objeto de maldición» (Ga 3, 13) ilumina el camino con la cruz, anticipando su desenlace. Ἐξαγοράζω, exagorázō, significa rescatar, sacar de una condición de servidumbre. Jesús lleva el madero al que se asocia la maldición evocada por Pablo. Se acerca así a quienes la condena parece excluir de toda bendición. El camino del Calvario conduce a la inversión anunciada en la carta: en Cristo, la bendición de Abrahán se abre a las naciones.

«Si llega uno más fuerte y lo vence, le quita sus armas» (Lc 11, 22) acompaña la crucifixión. Ἰσχυρότερος, ischyróteros, significa «más fuerte». En esta lectura de la Pasión, la victoria de Cristo adopta una forma paradójica: sufre la violencia sin entregarle su fidelidad ni su amor. La cruz revela un poder capaz de atravesar la muerte para quebrar su dominio en la resurrección. La fuerza evocada en el primer misterio recibe entonces su sentido: Dios libera acercándose a la humanidad hasta en su desamparo.

Lecturas del día: AELF — 9 de octubre de 2026. Citas traducidas del francés. La relación con los misterios dolorosos constituye una lectura meditativa.

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